top of page

Neandertales y sapiens. Una historia de hibridación

  • Foto del escritor: Calidris Alba
    Calidris Alba
  • 4 may
  • 7 min de lectura

Un simple test de ADN hecho por curiosidad puede abrir la puerta a una historia mucho más profunda de lo que parece. En mi caso, reveló que un 2,26% de mi genoma es herencia de los neandertales. Esta pequeña cifra esconde, en realidad, una gran historia de encuentros, mezclas y adaptaciones entre especies humanas. Lejos de una evolución lineal, somos el resultado de una compleja red de intercambios genéticos. Comprender este pasado híbrido nos ayuda a entender mejor quiénes somos hoy. Y, quizá, también a mirarnos con otros ojos.



El 2,26%, aproximadamente, de mi ADN proviene de otra especie, puesto que es una herencia de los neandertales.

 

Nunca se me había ocurrido mirármelo. Pero hace unos años, por pura curiosidad y con ganas de reírme un rato, me hice un test de ADN de esos en que solo necesitas una muestra de saliva. Me llamaba la atención conocer mi origen genético, a pesar de que sabía que, en realidad, los resultados reflejarían aquellas poblaciones actuales del mundo con una genética más similar a la mía. Cuando llegaron los resultados, para sorpresa mía, descubrí que el test también incluía el porcentaje de ADN neandertal y denisovano, el cual deducían a partir de los alelos de ascendencia de estas poblaciones.

 

Bien, un 2,26% a mí me parecía poco. Investigando, me enteré de que las poblaciones de Europa occidental tienen actualmente entre un 1% y un 2% de ADN neandertal en su genoma, de media. Curiosamente, poblaciones de Asia oriental y América tienen porcentajes más altos, de entre un 2% y un 2,5%. Investigando algo más, entendí por qué en Europa la herencia neandertal está más diluida.

 

Durante décadas, la historia de la evolución humana se explicó como una sucesión lineal y casi épica: una especie, Homo sapiens, surgida en África, se expandió por el planeta y sustituyó otras especies humanas más antiguas, entre ellas los neandertales, hasta convertirse en la única superviviente.

 

Hoy sabemos que la historia fue mucho más compleja, más fascinante y, sobre todo, más híbrida.

 

La hibridación entre especies es un motor importante de la evolución.

 

La evolución mediante mutaciones espontáneas es un proceso lento. Las mutaciones beneficiosas aparecen aleatoriamente y, después, tienen que ser seleccionadas generación tras generación.

 

La hibridación ofrece una vía mucho más rápida.

 

Cuando dos especies o poblaciones diferenciadas se cruzan, combinan genomas que han evolucionado separadamente durante miles o millones de años. Esto genera nuevas combinaciones genéticas y, por lo tanto, más variabilidad sobre la cual puede actuar la selección natural.

 

La hibridación fue considerada, durante décadas, casi una anomalía evolutiva: un error, una desviación sin futuro. La imagen típica era la del mulo, híbrido entre caballo y asno, generalmente estéril.

Pero actualmente se sabe que la hibridación entre especies animales es mucho más común de lo que parece.

 

Los osos polares y los osos pardos son un ejemplo muy conocido. Con el deshielo ártico y el desplazamiento de los hábitats, las dos especies entran cada vez más en contacto, y ya se han documentado híbridos. Pero, más importante todavía, los datos genómicos sugieren que ya había habido introgresión entre estas especies en el pasado, posiblemente relacionada con adaptaciones al frío y al metabolismo de las grasas.

 

También los lobos grises y los coyotes se hibridan de manera recurrente en Norteamérica. Algunas poblaciones híbridas muestran combinaciones de comportamientos y características ecológicas que les permiten ocupar con éxito ambientes antropizados y periurbanos.

 

De ejemplos hay muchos, tanto en el mundo vegetal (muchos robles son híbridos) como en el animal, tal y como acabamos de ver con los osos y los lobos. Por lo tanto, la hibridación es una fórmula de éxito que permite que una especie incorpore de golpe variantes genéticas que otra ya ha seleccionado durante miles de años en un entorno concreto.

 

Esto es especialmente relevante cuando el medio cambia rápidamente. Y este punto es muy importante en lo que se refiere a nuestra especie.

 

La hibridación entre neandertales y humanos modernos.

 

La idea antigua de un reemplazo repentino de neandertales por humanos modernos es cada vez menos sostenible. Todo indica que hubo un extenso límite de interacción entre Europa occidental y Eurasia, una amplia región híbrida donde durante miles de años neandertales y humanos contemporáneos convivieron, interactuaron y, en algunas ocasiones, se reprodujeron entre sí.

 

Cuando los Homo sapiens salieron de África hace aproximadamente entre 60.000 y 70.000 años, a pesar de que anteriormente había habido otras incursiones tempranas, entraron en un mundo muy diferente al que conocían. Eurasia presentaba climas más fríos, ecosistemas desconocidos, nuevas enfermedades y retos ecológicos completamente nuevos.

 

Pero aquellos territorios no estaban vacíos. Estaban habitados por los neandertales, una especie que estaba profundamente adaptada a aquellas condiciones.

 

Los Homo sapiens que llegaron a Europa pudieron incorporar, mediante hibridación, soluciones evolutivas que los neandertales ya habían perfeccionado a lo largo de centenares de miles de años.

Fue una forma de adaptación acelerada, una transferencia biológica de conocimiento evolutivo, casi como un “atajo evolutivo”.

 

Varios fragmentos de ADN neandertal presentes en humanos modernos están relacionados con el sistema inmunitario. Estas variantes probablemente ayudaron a los humanos modernos a enfrentarse a patógenos eurasiáticos para los cuales no estaban preparados. Otros genes influyen en características de la piel y del cabello, potencialmente útiles para adaptarse a niveles diferentes de radiación solar y temperaturas más bajas. También hay evidencias de variantes relacionadas con el metabolismo y otras funciones fisiológicas relevantes en ambientes fríos. También es cierto que algunos de estos genes neandertales que en el pasado podían comportar ventajas evolutivas, actualmente parecen favorecer enfermedades como la diabetes, la obesidad o las adicciones en nuestro mundo tecnológico y sedentario.

 

Los humanos somos una especie híbrida. Y probablemente no solo por la contribución neandertal. También hay evidencias de hibridación con denisovanos y, posiblemente, con otros linajes de homínidos todavía poco conocidos.

 

Nuestra historia evolutiva no es la de una línea recta y exclusiva.

 

Es una red.

 

Un mosaico.

 

Una historia de encuentros, intercambios y mestizajes.

 

Si hubo contacto prolongado e hibridación, ¿por qué conservamos tan poco rastro genético? Una historia de migraciones y dilución genética.

 

La respuesta no se encuentra en un único acontecimiento, sino en una sucesión de migraciones, mezclas y reemplazos poblacionales que tuvieron lugar sobre todo durante el Neolítico y el inicio de la Edad del Bronce.

 

Las primeras poblaciones híbridas eran esencialmente cazadoras-recolectoras. En ellas, la proporción de ADN neandertal probablemente era más alta que la que observamos en la actualidad. Pero esta composición genética inicial no se mantuvo intacta.

 

Primera dilución: la llegada de los agricultores

A partir de hace unos 7.000 años, Europa occidental experimentó una transformación profunda con la llegada de poblaciones de agricultores procedentes de la zona de Anatolia. Estos grupos no solo llevaban una nueva economía, sino también una historia genética diferente: tenían menos ADN neandertal que los cazadores-recolectores europeos, puesto que provenían de poblaciones con menos contacto con neandertales.

 

Cuando estos agricultores se expandieron por Europa, se mezclaron con las poblaciones locales de cazadores-recolectores híbridos. Este proceso tuvo dos consecuencias clave: el reemplazo parcial de las poblaciones locales y la dilución del ADN neandertal en la población resultante.

 

Segunda dilución: las poblaciones de las estepas

 

El proceso no se paró aquí.

 

Entre el 3.100 y el 2.900 a. C., una nueva expansión sacudió Europa: la de las poblaciones de pastores de las estepas rusas y ucranianas, asociadas a la cultura Yamnaya. Estos grupos tenían una composición genética diferente, puesto que también llevaban proporciones relativamente bajas de ADN neandertal.

 

Cuando se expandieron hacia Europa central y occidental, provocaron un nuevo reemplazo demográfico importante. Las poblaciones neolíticas —ya mixtas— se vieron parcialmente sustituidas y, a la vez, se volvieron a mezclar con estos nuevos grupos.

 

El resultado fue una segunda oleada de dilución del ADN neandertal.

 

Un proceso acumulativo

 

Así pues, la baja proporción de ADN neandertal en humanos actuales no es solo consecuencia de los años. Es también el resultado de un proceso acumulativo de mezclas poblacionales en las que, cada vez que una población con menos ADN neandertal se mezclaba con una que tenía más, el porcentaje global disminuía.

 

A este proceso se suma otro factor importante: la selección natural. Algunos fragmentos de ADN neandertal eran desventajosos y fueron eliminados con el tiempo, mientras que otros —especialmente los relacionados con el sistema inmunitario o la adaptación ambiental— se conservaron. Y esto explica por qué, a pesar de haber compartido milenios con los neandertales, solo conservamos una pequeña parte de su legado genético.

 

El caso de las poblaciones de Asia oriental y América fue un poco diferente. Mientras que el ADN neandertal se diluía en el oeste, en el este pasó lo contrario. Hay estudios que apuntan que los ancestros de los asiáticos orientales no solo se cruzaron con los neandertales en el Medio Oriente, sino que experimentaron una segunda oleada de hibridación con poblaciones neandertales que también se estaban expandiendo por Asia Central. También hay estudios que apuntan que, en poblaciones pequeñas, como lo eran las que se expandían por Asia Oriental, la selección natural fue menos eficiente eliminando partes de ADN neandertal poco útil.

 

Las poblaciones nativoamericanas muestran el mismo patrón elevado de ADN neandertal porque descienden directamente de antiguas poblaciones del nordeste de Asia.

 

Los neandertales y los híbridos en la novela “El niño tejón”

 

La novela El niño tejón fue escrita en 2011, cuando hacía poco que se había publicado en la revista Science el primer borrador del genoma de los neandertales. Por lo tanto, yo ya conocía que los humanos modernos eramos portadores de una pequeña parte de esta herencia genética. Pero entonces todavía no era consciente de todo lo que la revolución genómica asociada a los fósiles antiguos sería capaz de descubrir. También, durante estos 25 años, la arqueología y otras ciencias asociadas han ido desentrañando muchos secretos relacionados con las herramientas de los neandertales, con los animales que cazaban y las plantas que consumían, con la gestión que hacían de los territorios, con la utilización de los refugios y del fuego e incluso con cómo trataban a sus muertos. Cómo gestionaban las emociones y cómo razonaban cognitivamente, todavía se nos escapa un poco. Aquí había que echar mano de la imaginación y especular.

 

Conocer que los humanos modernos somos el resultado de una convivencia prolongada y de una historia compartida con los neandertales hizo la tarea más sencilla.

 

Que el resultado fuera que los protagonistas de la novela fueran neandertales muy parecidos a nosotros, y no me refiero al aspecto físico, fue una elección razonada.

 

Que dos de los personajes protagonistas fueran híbridos fue un impulso incontenible.

 

Ahora, que yo conserve un 2,26% de ADN neandertal, me parece maravilloso, casi un milagro.

 

Por cierto, la novela se puede descargar, gratuitamente en pdf en la página web: https://www.la-narradora-neandertal.com/.

También, si quieres, puedes leer solo los primeros capítulos en la sección del blog.

 
 
 

Comentarios


bottom of page